miércoles, 22 de febrero de 2012

Manuela.



Éramos solitarios y peregrinos cuando nos encontramos. Su dulce mirada y el aroma de su piel me enamoraron. No había llegado a los veinte cuando la conocí y sin embargo creí amarla como si tuviera cien, doscientos o hasta trescientos años.

Detrás del milagro de su sonrisa escondía dolores, pasiones y un corazón herido.

Manuela, la llamo.

La hice mía varias veces y en medio de sus brazos recobré vida. Robaba mi aliento y me deshacía con su sensibilidad.


Taciturna se aferraba a mi pecho, de mi nunca esperó nada más que existencia y de mi existencia, la suya propia. Al borde de su reflejo y al filo de los rincones, amanecía haciéndose sitio en mi tiempo. Con sus ojos disfrutaba mis historias y resbalaba con cada detalle, con cada palabra.

Manuela, salva esta sed de ti,
Salva esta impaciente angustia y rómpeme.
Toca con tus manos el acordeón de mi vida.
Hazme fuego.
Fuego de ti, fuego de mí.
Transfórmame en canción.
Acaba con mis miedos.

Fue poesía y viento, viento y abismo, fue en mi todo lo que el derrumbe de mi conciencia de hombre siempre quiso.

Su nombre aún camina en mis pensamientos, por las noches clamo por insomnio para poder tenerla. En la oscuridad de mi techo la siento y vuelve a mí su aroma, su sabor a mujer y el espacio perfecto de su ser. Han pasado años desde el día en que el río se la llevó.

Pasa el tiempo, pero ella no termina de pasar.

La he cantado, la he llorado, cada minuto la sostengo con la esperanza y aquí está, con la belleza de su alma y la candidez de sus manos, aquí está… sin estar.




*Dedicado a las mujeres. Manuela es un nombre que escogí al azar y el contenido de este post son solo palabras, me imagino que si fuese hombre y amara a una mujer le cantaría esta canción y le escribiría tanto, que sería imposible que su vida se alejara de la mía. Pero soy mujer y vivo cada segundo con el corazón en la mano, con los sentimientos a flor de piel, soy mujer y amo la vida, la palabra y el ser de un hombre, pero definitivamente creo que no hay nada más sublime que escribirle a una mujer y he ahí la razón de este post que espero les guste. 



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