martes, 25 de diciembre de 2012

EN ALGUNA OTRA VIDA SERÁ

Ella era tan joven, con tantas expectativas sobre la vida.
Lo conoció en el lugar menos pensado, en el momento menos preciso.
Ella se enamoró, fue su primera vez, y no supo como actuar.
Ese día, el mundo desapareció a su alrededor, solo quedaban los dos, con sus similaridades, con tanta química que no necesitaban conocerse para comprenderse. Simplemente se comprendían.

Nunca se besaron, pero se amaban. 
Se amaron por 3 meses, fingiendo no amarse,
Aunque jamas volverían a sentir un amor así.

Pero lo mágico nunca dura demasiado. 
El desapareció de su vida y ella de la suya. 
Lo único que quedó fue el recuerdo y la incertidumbre ¿Fue real?

Los años pasaron, los dos amantes continuaron sus vidas, 
podían vivir sin el otro y ser felices.
Pero el destino tenía otros planes.

Una noche de aquellas, que son pocas en la vida,  pues pocas veces somos tan miserables e infelices.
Cuando al fin pudo conciliar el sueño, soñó en el.
Soñó que el era tan infeliz como ella.
Se despertó desconcertada.
Hace más de dos años que no había pensado en ese primer amor.

Para su sorpresa, a la mañana siguiente descubrió que el si era tan infeliz como ella.
Habían pasado 7 años, pero todavía se entendían.
Hablaron por días, por madrugadas, por noches enteras.

Cuando se vieron, la magia volvió,
ella nunca pensó volver a sentir lo que sintió 7 años atrás, pero ocurrió,
como si el tiempo no hubiese pasado, se entendieron,
y como el sol y la luna se complementaron,
por primera vez se besaron,
y se amaron por un día, pues era todo el tiempo del que disponían.
cuando amaneció volvió la realidad.

El amaba a otra persona y ella también,
los amaban aunque los hubiesen herido, 
los dos se separaron, siguieron su camino, 
cada uno para recuperar el amor de estas personas.
Pues el amor es así, o tal vez la costumbre.

Pudo más el amor que ya sentían por los otros,
ese amor al que estaban acostumbrados,
pues lo que sentían el uno por el otro era demasiado desconocido, demasiado intenso,
o tal vez simplente, demasiado una ilusión.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Me llamaba Laura cuando lo conocí, ahora no sé.

Siempre tuve miedo de esos cuentos que dicen tener un "final feliz" porque en realidad la mayoría de lo que encierra un final es predeciblemente doloroso ya sea por costumbre, por suerte o solo porque sí.

Me llamaba Laura cuando lo conocí, ahora no sé. Sus ojos púrpuras y su aliento cristalino me robaron la certeza y mis casos resueltos. Le dije dieciséis, el tenía veinte. Ilusiones. Cinco trenes de ida, ninguno de vuelta y un par de años  más que aquellos con los que el abuelo conquistó las fantasías.

De esas historias que es mejor contarlas con la boca cerrada y el pensamiento claro.

Me aferraba a su espalda como quien se agarra del presente esperando que no cambie, que se quede, que nos coja la vida y nos lleve, donde sea, como sea.

Sus manos sudaban y notaba sin mayor titubeo mi temor y mi poca emoción por todo eso en lo que estaba ausente. Le dije quiéreme. Quiéreme mucho. No para siempre. Quiéreme hasta que no me quieras. Sonreía.

Nunca cuestionó mis noches de insomnio ni mi obsesión por dibujar en las ventanas de lluvia. Se sentaba al filo de la mesa de la casita y miraba profundo, como ignorándome y entonces lo odiaba un poco, aunque nunca supe lo qué era odiar ni tampoco cuánto era poco o cuánto era mucho y esa sensación de ignorarnos me producía siempre un sabor a frío. Le reclamaba. Preguntaba ¿Conoces el frío? Agachaba la cabeza como la niña regañada que aprendía una lección sin merecerlo. Luego solo silencio y posiblemente algo de tristeza aunque aquella no existía más que en las mil y una noches en las que faltaba su sonrisa y esos cuarenta y cuatro minutos de felicidad. Siempre fue mi mejor y más grande eternidad.

Shhhh, repetía. No hables mientras la noche se expande frente a nuestros sentidos. Solo ven y siéntate como descubriendo los paisajes perdidos y ese shhhtído me volvía loca. Un tanto más. Un tanto menos. Y lo quería, yo lo quería, muy a pesar de mis ganas de no quererlo, lo quería y entonces descubrí que no hay realidad más cruel que la que le impone el corazón a la razón.

Me llamaba Laura cuando lo conocí, ahora  no sé.








sábado, 22 de septiembre de 2012

Te escribo, ¿Dónde estás? (Completo)


PARTE I

"Te inventaste, me inventaste. Nos creamos juntos, 
ahí donde el alarido del silencio tomó forma 
y se convirtió en la única melodía que me atravesó el alma,
la falta de cordura y la distancia corta de esa misma ciudad.
Y cambiaste, me cambiaste. Nos transformamos juntos,
ahí donde el sentir de un impulso nos invadió de quereres,
de deseos, de placeres.
Y tocaste, me tocaste. Nos palpamos juntos,
ahí donde no hubo más miedo que el caer
 en la vaga tentación de la falta de hacernos,
 de deshacernos".

Esas palabras seguían retumbando en mi cabeza, aun cuando fueron semanas las que habían pasado desde que encontré aquella nota sobre la almohada. ¿Qué puede hacer el tiempo en este caso? Traernos resignación, un poco de calma, y quizá, solo quizá un olvido temporal.
Bien podría haberme adaptado y enamorado de sus siete personalidades, sin el más mínimo pudor y reserva. Con sus flaquezas y sus debilidades, con su no tan sencillo diario vivir, pero con su encantador sentido del humor, no fue difícil caer en la tentación de amar hasta el último rincón de su vida.
Nos encantaba saltar con los recuerdos y planear las mil y una maneras para encontrarnos sin que los demás lo advirtieran, pero cuando se está feliz y se planean las cosas, estas en realidad no tienen importancia, solo importa el presente, ese momento de “te quiero, aquí, ahora, para siempre y sin más” que parece que nunca terminará.
Solía recostarme en el y jugar con los bozos de su pecho. No había mayor paraíso que ese instante. Cuántas veces escuché latir su corazón y me sentí infinitamente correspondida, sin dudas y con la plena libertad de solo dejarme llevar.
¿Les ha pasado que creen que nada podrá salir mal y de repente se encuentran ahí, con una nota final en la que ni siquiera un adiós hay? Claro, si se supone que para eso estamos, para ilusionarnos y vivir. En ese orden.
A su lado lo común se volvió extraordinario y yo simplemente amaba la sensación de sentir que me iba quedando en ese lugar donde al parecer también querían que me quedara. Una cosa nos llevó a la otra y así, a las otras cien. Sabía de su inconstancia y de todos sus fracasos, sin embargo, ahí estaba yo, una mujer ilusionada que empezaba a admirar las cosas que antes le parecían pequeñas. Ya no eran cursilerías y sus defectos eran perfectamente acomodables con los míos. Todo parecía hecho a mi medida, incluso hasta sus camisas por más grandes que me quedaran.
Entonces viene un “de repente” que lo cambia todo y eres otra vez tu, con una nota que no tiene más que un montón de palabras que aunque bonitas y todo, son finales y cuando una se da cuenta que hay un final en medio de un cuento que parecía infinito y nada más, algo se rompe, tal vez el corazón, tal vez la cabeza. Aún no logró descifrar.
¿De dónde viene todo esto? Es decir, estoy consciente de que todos tenemos un pasado y posiblemente una serie de historias inconclusas que pueden frenar hasta los cuentos más bonitos y las probabilidades de ser feliz; pero si es el caso, repruebo y con todos los - A posibles, su falta de valentía y sus pocas expectativas sobre todo lo que cree merecer.
¿O tal vez fui yo? ¿De cuál de todas las que soy se habrá desilusionado? A ver chicas, hagamos un repaso. De ninguna, ¿cierto? Y ¡cómo!, si estábamos diseñadas para el, para todos sus “yo” y para sus “quiero ser”. Y ¿entonces?
Aún sigo aquí, esperando que esta idea tan completa que tenía sobre nosotros no se desvanezca con los días. El tiempo puede ser un cómplice pero también puede ser el rotundo quiebre de los cuentos que parecen no tener final.

PARTE II
ELLA:
Recorrí por la mente cada una de sus palabras, incluso hasta las inadvertidas y entonces recordé la dirección del abuelo. ¿Dónde más podría estar? y apunté:
Querido Martín -y me permito omitir todos los nombres que te inventé por respeto a mi memoria-, ni siquiera puedes hacerte una idea del número de veces que he estado mirando por la ventana para verte llegar y no lo haces. ¿Explicaciones? No las quiero. No me gustan las explicaciones más que los actos propios y de ti, espero justamente eso, un acto. No has venido a buscarme y yo preciso escribir cada instante en el que me cercioro que de verdad no estás. No entiendo que está pasando por tu cabeza, tengo la ligera impresión de que también la perdiste. No me resigno a dejarme vencer por tus fantasmas, ni siquiera por tu pasado, ni siquiera por la sobriedad de tu alma en medio de mis noches gitanas. 
Persisto porque lo presiento -y contigo mi sexto sentido es realmente certero-, que no eres tu el que está allá, sino el que se quedó aquí, conmigo. Sin embargo tu cuerpo y alguno de los tuyos, de cierta forma se niega a ser querido bien y bonito, como me gusta querer, pero ¿crees que te dejaré ir así nada más? Conoces mi terquedad mejor que nadie y si tengo que escribir mil veces para ti, lo haré. Ni siquiera te pido, -porque no se pide lo que es nuestro- sino que te reclamo desde ya, con tus dudas, con tus conflictos y con tu futuro incierto, que regreses para mí, para mis manos y para mi vida que es más vida desde ti.  
¿Qué esperas? 
Ese equipaje no se hará solo. Está bien. ¿Qué te parece si lo hacemos juntos? Como en nuestro primer viaje, ¿lo recuerdas? Aún siento el calor de esa pequeña cabaña sin luz y en medio de la nada que construimos juntos y es que todo lo que venía de ti tenía y tiene la sublime bondad de ser exactamente lo que necesito. En fin, empecemos por tus sacos, siguen tus pantalones y demás, un par de esos está bien y los viejos zapatos que nunca dejarás, lo sé, lo sé. ¿La pluma del abuelo? Lo siento, esa la olvidaste junto al primer libro que me regalaste. Me encantaría asumir que no es casualidad. De hecho, desde que somos tú y yo, ya nada es casualidad. ¿Qué sigue? Ah, si, procura guardar una chaqueta por si hace frío y empaca tan solo lo superfluo que lo esencial lo tengo yo aquí desde que te conocí. Entonces, ¿vienes?

EL:
Ahí estaba ella, la mujer ilusionada a la que yo admiraba, esa que parecía y lo admito, sigue siendo como diseñada a la medida de mis siete personalidades. Nunca le dije con todas las letras cuanto la quise, pero cada uno de mis sentidos lo sabe. Fue respuesta, fue camino, fue el encontrar que no buscaba y, ¿entonces? Será acaso que cuando la felicidad se ve tan de cerca inconscientemente también asusta y se convierte en nuestro principal verdugo.
Pasaron seis meses y aún no lograba olvidarla. No dejé mi dirección y tampoco un teléfono. ¿Para qué? El punto era dejarla atrás. La consideraba mi principal rival y ella a mí, en este momento seguramente me considerará su principal inquisidor. Sin embargo, no deja de impresionarme como sus recuerdos se apoderan de mi cabeza y hacen y deshacen con mis emociones. Sin tenerla, la siento y esos ojos, ese modo tan suyo de acariciar mi mundo, esa particular forma de hablar y hasta de callar. ¿Cómo? ¿Cómo dejarla ir cuando yo aún advierto quedarme entre sus brazos y el abrigo exacto de su piel?
Bendita cualidad la suya de amar y de enseñarme a amar. No me arrepiento de ninguno de los segundos vividos. Me encantaba la sensación que provocaba en mí el solo hecho de saberla mía, compartíamos todo, hasta aquellos momentos en que no estábamos juntos. Sus lecciones sobre como preparar chocolate y la dulzura de su voz cuando decía “aquí estoy, contigo, para ti, para mí, para los dos”. Vaya pecado que la vida hizo con ella, fue mi tentación, caí y sin ninguna clase de límite, me dejé ir. Ahora estoy aquí, con el vacío más grande que puede dejar la soledad que uno con propia voluntad, escoge.
Al final hasta las historias de amor más lindas, terminan. Es extraño como escribo “historia de amor” y mis dedos se retuercen como procurando evitar cada letra. No fui el mejor, lo reconozco, pero se suponía que para los “no mejores” también hay un pequeño esbozo de ilusión, algo de fe.
No la busqué, me había cansado ya de buscar. A mis treinta y tantos años, solo me quedaban un viejo par de zapatos y la pluma del abuelo. Los días solo eran fechas más del calendario, sin importancia, sin razón. Entonces llega un frío jueves de noviembre que te cambia la vida, lo evoco tan claro. Ella y el largo impermeable que cubría su delgada figura. La mejor versión de hombre que pude ser, fue junto a su perfecta humanidad. Hoy me queda el recuerdo de esos cortos tres meses que vivimos juntos. Cualquiera diría que tres meses no son nada,  pero en mi caso lo fueron todo y más y así la quise desde antes de conocerla y luego sin mayor contemplación. Y ahora su carta.... 

PARTE III

Lo había olvidado todo, incluso su teléfono. No parecía importante ya. Es extraño cómo los sentimientos van perdiendo las atenciones y dejan de ser el “todo de” para convertirse en la parte de algo. Ya ni siquiera estaban escondidos, no se esconde lo que ya no existe, ni los rezagos, ni los dolores de cabeza y mucho menos esas resacas venidas del corazón. Varias veces las sentí, puedo afirmarlo con certeza, las peores resacas del mundo son aquellas que vienen luego de habernos embriagado de amor, de la pasión exacta que cubre cada una de nuestras expectativas, de la piel del alma.

No fueron días los que esperé. El tiempo cuando se espanta del reloj que lo mueve deja de marcarse en minutos, horas o días y solo marca con heridas, con la poca sutileza del dolor que nos dejan quienes dicen haberte encontrado para luego, así de la nada, soltarte cuando tu aún quieres permanecer ahí, colgando en sus dedos.

Pasaron exactamente ocho estaciones, cientos de aviones, dos gatos y varios vecinos. Y de repente, otra vez ese “de repente” que nos altera la vida.

Catalina, nina, aún rima tu nombre en el viento y en mis labios...




Ese espacio vacío son todas las letras que quise escribir y que nunca plasmé en ningún papel. Ahora no sé que decir. O tal vez si, lo sé muy bien, contigo es imposible no decir. Vine a la ciudad, no espero nada más que un par de horas de tu tiempo y verte. Estaré el martes en el café, a la hora de siempre”. Martín.


En el café, a la hora de siempre, cómo si el supiese lo qué es un "siempre".

Intento y ya no puedo ni siquiera pronunciarte. Te tomaste tu tiempo. ¿Dime, en cuánto lo mediste? Bien. Yo te hablaré de mi medida. No fueron días, tampoco meses, ni siquiera años. Fueron lágrimas, cajas de cigarros completas y un par de amantes. Ahora, te pregunto otra vez, ¿cuál fue la medida exacta de tu tiempo para volver? Es difícil, ¿cierto? Pero estarás bien. No te culpo. Cada quien es a la medida de sus posibilidades, de las opciones que le dio la vida, de las elecciones que hizo. Cada quien responde de acuerdo a sus enseñanzas. Están quienes aprendieron a amar bien y los que aprendieron a hacer del conformismo el mejor de sus aliados, a andar sin esperar ni luchar. En su momento, recogí tus palabras y las asumí. Ahora es tu turno.

Fui lo suficientemente inteligente para saber cómo terminaría todo y lo suficientemente tonta para seguir ahí a pesar de todo. Inteligente y tonta, en ese orden.

Alguna vez un hombre al que le tengo un respeto particular me dijo: “Si una mujer es bella, es dolorosa, si es dolorosa, es cabrona y si es cabrona, es porque un hijo de puta la hizo así”. Sin embargo, yo puedo decir, gracias querido Martín porque ni siquiera tu labor de ser un gran hijo de puta te salió bien. Me sé bella, pero aún no soy lo suficientemente dolorosa como para ser una cabrona y por eso, aquí en esta pequeña complicidad que aún se cree amiga de los dos, con el corazón firme y apelando a la poca cordura que te queda, te pido: No vuelvas”. Catalina.

Fue el mejor error que cometí, el que hace no más de pocos meses hubiese seguido cometiendo una y otra vez, el error que mejor me ha besado en la vida, pero un error al fin. No volví porque generalmente no se vuelve con la persona, se vuelve con el recuerdo y entonces esas segundas oportunidades suelen convertirse en segundas equivocaciones. No me arrepiento de cada palabra dicha ni de cada acción realizada. No me negué al amor el día que le envíe la carta al café, porque el amor, el buen amor, el que yo conozco siempre ha estado aquí, conmigo, constante y sin más vicios que el de hacerme feliz día a día, se llama “amor propio”.

sábado, 1 de septiembre de 2012

Aullido




Los lobos son animales que siempre me han parecido fascinantes. Elegantes, temibles, sensuales, tiernos. Siempre han estado presentes en mi vida, de una u otra manera, simbólicamente, por culpa de la Biblia, Jack London y Herman Hesse. Lo que siempre admiraré es su aullido. Escucharlo pone la carne de gallina, hasta al más frío de los mortales. Por algo el lobo es protagonista de cuentos infantiles, leyendas medievales y filmes de horror de la Hammer Film Productions. El lobo... Pero hoy únicamente tomaré de él su aullido.

Hay luna llena por segunda vez en el mes, y quiso la suerte (¿o desdicha?), que me cruce nuevamente con uno de mis gurús, Allen Ginsberg, y su magistral Howl (Aullido), por lo que en homenaje a él, a los lobos y a la luna, creo conveniente que los tres confluyan en este post.

Who the Hell is Ginsberg?

A poet?

Sí, pero no simplemente un poeta. Si eres hippie, él es tu padre espiritual. Si eres seguidor del New Age, él es tu abuelo. Si eres "hipster" (I hate them), Ginsberg es.... bueno, lo que sea. En la década de los 50, en medio del furor jazzero, del cool, del bebop, entre New York y San Francisco, de la East Coast a la West Coast, Ginsberg se dedicó a aullar. No a la luna. Aulló a "eso" que tenemos todos adentro. También aulló a la mísera cotidianeidad. A la sombría realidad que nos envuelve. Su momento histórico fue el inicio de la posguerra. Su alter ego se llamó Jack Kerouac. Su dolor de cabeza era un aniñado drogadicto, William Burroughs. A esa generación la etiquetaron como "Beat", y se convirtió en el fenómeno literario más importante de Norteamérica en el S. XX. Entre la búsqueda espiritual y la más pura decadencia de una generación sin identidad, esta gente parió la contracultura de la que ya somos, sin duda, herederos.

Pero basta de hablar. Mejor dejemos que el Maestro nos estremezca con su aullido... 


Aullido por Carl Solomon (fragmento)

He visto las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, histéricos famélicos muertos de hambre arrastrándose por las calles, negros al amanecer buscando una dosis furiosa, cabezas de ángel abrasadas por la antigua conexión celestial al dínamo estrellado de la maquinaria de la noche, quienes pobres y andrajosos y con ojos cavernosos y altos se levantaron fumando en la oscuridad sobrenatural de los departamentos con agua fría flotando a través de las alturas de las ciudades contemplando el jazz.

Quienes expusieron sus cerebros al Cielo, bajo Él y vieron ángeles mahometanos tambaleándose en los techos de apartamentos iluminados.

Quienes pasaron por las universidades con ojos radiantes y frescos alucinando con Arkansas y la tragedia luminosa de Blake entre los estudiantes de la guerra.

Quienes fueron expulsados de las academias por locos por publicar odas obscenas en las ventanas del cráneo.

Quienes se encogieron sin afeitar y en ropa interior, quemando su dinero en papeleras y escuchando el Terror a través de las paredes.

Quienes se jodieron sus pelos púbicos al volver de Laredo con un cinturón de marihuana para New York.

Quienes comieron fuego en hoteles coloreados o bebieron trementina en Paradise Alley, muerte, o purgaron sus torsos noche tras noche con sueños, con drogas, con pesadillas despiertas, alcohol y verga y bolas infinitas, ceguera incomparable; calles de nubes vibrantes y relámpagos en la mente saltando hacia los polos de Canadá y Paterson, iluminando todas las palabras inmóviles del Tiempo, sólidos peyotes de los vestíbulos, amaneceres en el cementerio del árbol verde, ebriedad del vino en los tejados, puestos municipales el neon estridente luces del tráfico parpadeantes, vibraciones del sol, la luna y los árboles en los bulliciosos crepúsculos de invierno de Brooklyn, estrepitosos tarros de basura y una regia clase de iluminación de la mente.

Quienes se encadenaron a sí mismos a los subterráneos para el viaje infinito desde Battery al santo Bronx en benzedrina hasta que el ruido de las ruedas y niños empujándolos hacia salidas exploradas estremecidas y desiertos golpeados de cerebros absolutamente secos de esplendor en la melancólica luz del Zoo.

Quienes se hundieron toda la noche en la luz submarina de Bickford’s emergidos y sentados junto a la añeja cerveza después del mediodía en el desolado Fugazzi’s, escuchando el crujido del destino en la caja de música de hidrógeno.

Quienes hablaron setenta horas seguidas desde el parque a la barra a Bellevue al museo al Puente de Brooklyn, batallón perdido de conversadores platónicos bajando de espaldas las escaleras de escape de los alfeizares del Empire State lejos de la luna, gritando incoherencias, vomitando susurrando hechos y recuerdos y anécdotas y patadas en la bola del ojo y traumas de hospitales y cárceles y guerras, intelectos enteros disgregados en amnesia por siete días y noches con ojos brillantes, carne para la Sinagoga arrojada al pavimento.

Quienes se desvanecieron en ninguna parte de Zen New Jersey dejando un reguero de ambiguas postales ilustradas de Atlantic City Hall, sufriendo sudores orientales y artritis Tangerianas y jaquecas de China bajo la basura en las salas sin muebles de Newark.

Quienes dieron vueltas y vueltas en la medianoche por el patio de trenes preguntándose adónde ir, y fueron, sin dejar corazones rotos.

Quienes prendieron cigarrillos en vagones traqueteando por la nieve hacia granjas solitarias en la noche del abuelo.

Quienes estudiaron a Plotino, Poe, San Juan de La Cruz, telepatía y cábala debido a que el cosmos instintivamente vibraba en sus pies en Kansas. Quienes solos por las calles de Idaho buscaban ángeles indios visionarios que fueran ángeles indios visionarios.

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Y sí, no se trata de lobos ni de la luna, sino de Ginsberg y yo.

miércoles, 29 de agosto de 2012

Día 2

Día 2

Esa ansiedad, cuando dejará de palpitar mi corazón así, como si fuese a salir desbocado a tu encuentro.


Trato de no torturarme sin ti, trato de hacer las cosas que tengo que hacer, pero siempre estas ahí en el fondo de mi cabeza, esperando a que te regrese a ver, lo único que quisiera es que salgas de mi mente, por unos días, solo pensar en cualquier otra cosa, sin que estes ahi.

Sin embargo me digo a mi misma, un día más,  no le encuentro la razón. Mi cuerpo tampoco, todos mis sentidos te extrañan tanto que empiezan a actuar por si solos y se van contigo, mi nariz recuerda tu olor, mis manos tu piel, mi boca tu sabor, mis ojos tus ojos y mis oidos tu voz.

En un esfuerzo desesperado trato de pensar en como me heriste, es tan dificil odiarte o sentir un mínimo de rencor cuando te amo tanto, pero lo intento, por que se que si le doy la espalda a ese rencor, más temprano que tarde me apuñalara por detrás.

Así intento pensar en nuestras peores peleas, para recordar como reaccionaste, si vale la pena volverlas a tener, me hace pensar que esto puede hacer que te olvide, que pueda vivir sin ti, pero no puedo, no puedo recordarlas, como si los buenos momentos se antepusiesen gritando: Recuerda me a mi!! no a las peleas!!, y es así, mi memoria está llena de buenos recuerdos.

Como poder considerar estar sin ti con tan buenos recuerdos? y la ansiedad vuelve, vuelve a palpitar mi  corazón y me muerdo los dedos para no llamarte, una vez más. Una vez más miro por la ventana, una vez más respiro profundamente, con la esperanza de que esta ansiedad ceda aun cuando sea por minutos, para poder dormir.

Así termina mi día, con la esperanza de que la ansiedad disminuirá, con la esperanza de poder pasar otro día  sin ti y esperar el mensaje que me traerá. 



lunes, 27 de agosto de 2012

Día 1




Cuando amas de verdad es realmente hermoso pero tiene su precio, pues el dolor también es de verdad.
 El me hirió para darse cuenta de lo mucho que me ama, así volvió arrepentido  con promesas de nunca volver a hacerme daño y con pruebas de que su amor es real. Pero a pesar de su amor incondicional y aunque yo lo amo con toda mi alma, la herida no sana, y ahora tengo 2 semanas para pensar en volver con el hombre que amo o en volver conmigo.

Día 1
Solo el pensamiento de no estar junto a el me mata, es como si faltase una parte de mi, quisiera correr, ir en su búsqueda, perderme en sus brazos.

Pero se que tengo que esperar, se que tengo que probarme a mi misma que después de estar sin el quiero todavía estar con el, ¿Tiene eso algún sentido?

Acaso tiene algún sentido que tu ames tanto a una persona, y que el te ame tanto, y aún así sentir que tienes que esperar para estar con el. Yo no le encuentro el sentido, pero en esto del amor nada realmente lo tiene.

Como combatir esto que siento en mi corazón, para que combatir el amor que siento por el, cuando el me ofrece el suyo. Hay muchos peces en el mar dice la gente, te mereces a alguien mejor dicen mis amigos. Pero que tal si no quiero otros peces, que tal si no quiero alguien mejor por que quiero intentarlo una vez más con el, que hay de malo en querer amarnos aun después de todo lo que paso?

Se que debo ser sincera conmigo misma, pero por una vez quisiera dejarme llevar, dejar de pensar y volver con el, como si nada hubiese pasado nunca; pero sin embargo pasó y ahora debo pensar, pensar para ser feliz. Pensar en qué es lo que me haría feliz.

Es el primer día de mi tiempo sola, y en lo único que puedo pensar es en estar entre sus brazos. No se que me traerán los días que vienen, solo siento que debo verlos llegar, así cada uno con su mensaje, para que dentro de 15 días esté segura al fin de volver con el hombre que me amo pero me hizo daño, o de volver conmigo misma pero nunca  más estar a su lado.

Era parte de.


Era parte de.
Conocerte, mirarte de reojo, manejar cada movimiento de forma tentadora, volver a mirar.
Era parte de.
Solo estar, contemplar.
Era parte de.
Controlar cada activación y respirar profundo mientras se disipaban mis más oscuros deseos.
Era parte de.
Leerte a las 4am y sonreír con tus "buenos días".
Era parte de.
Tu particular forma de decirme mía.
Era parte de.
Revolverlo todo, para que todo se fuera.
Era parte de.
Insinuar tus ganas. Gritar mis sentimientos.
Era parte de.


Eras como todos pero en bonito y cuando se trataba de ti, yo podía ser hasta multipolar y todas te queríamos por igual, pero tampoco creas que te escribo a ti, no te confundas. Es más, ni siquiera estoy escribiendo… bueno, tal vez un poquito. Está bien, la verdad es que aún me cuesta escribir sin inventar un cuento que no sea tuyo. Y es que de repente, y a pesar de que sé que no fuiste para mi y que yo tampoco fui para ti, me entretiene la idea de jugar un poco a que si fuimos y que quizá solo nos hicimos los distraídos para evitar precisamente esta fatiga de querernos mal porque así como estábamos, estábamos bien.

Pasito a pasito. Nunca nos gustó detener las cosas y tampoco fuimos lo suficientemente buenos para frenar esa abrupta y despiadada forma de querernos y es que a pesar de los buenos libros y las lecciones de ajedrez, la paciencia nunca fue lo nuestro y perdimos todos los sentidos, el del oído también, dejamos de escucharnos, de hablarnos y luego de vernos. Nos perdimos tal y como no queríamos perdernos. No eras tú y lo tengo claro, tanto como aquella vez que intenté deshacerme de todas tus fotos y lo único que conseguí fue armar con ellas el álbum de mi vida,  pero… lo sé, no eras tú… aunque aquí entre nos, te confieso algo… me hubiese encantado que lo fueras.


Solo era parte de. 

martes, 14 de agosto de 2012

Ocaso en el alba



Era en un tiempo de silencio cruel
cuando la luz se anochecía en mí
cuando moría mi destino, aquel
y ya más nada le quedaba aquí

Era tan triste y era tan feliz
era el silencio de tu risa allí
un día  que te convirtió en desliz
y estas mil noches ya sin ti

Frío y calor no se buscaban más
amor y olvido zarparon al mar
y aquel deseo de estrella fugaz
murió sincero en mí palpitar

Es el ocaso de mi oriente sin sol
en esta, el alba de tu atardecer
un trago de llanto y amargo alcohol
la antología que no pudo ser

viernes, 3 de agosto de 2012

Cuando ni me perteneces, ni te he vivido...



Suspirarte cuando ni me perteneces, soñarte cuando apenas y te he vivido
el corazón no tiene sentido porque los sentidos tienen demasiado corazón
y ahí estás tú, en medio de ambos, y yo sin saber a donde dirigir mis palabras
sin encontrarte rima por miedo a encontrarte espacio en mi alma, y no lo quieras

Y tus ojos, ¡ah! esos ojos de los que tanto huí y que hoy me persiguen la sombra
que enmudecen hasta al más descarado jazz, a la más triste nota aguda de un blues
y ahí están ellos, marrones como los atardeceres de verano y ajenos, tan ajenos
y yo aquí, suspirándoles cuando ni me pertenecen, cuando ni los he vivido

El silencio que envuelve mis noches, que te pertenece, que haz vivido
él, que no encuentra palabras más que tu nombre para llenar mis latidos
a ese silencio yo le dedico mis horas, le devuelvo suspiros
le comento al oído que te quiero en mis brazos y llamarte amor mío

Viviendo mis días deseando tus tardes, queriéndote un río
tomarte la mano y tatuarte mis labios que no te han vivido
y mis sueños que se arman apenas te miro, apenas te escuchan
que te pertenecen cuando ni me perteneces, ni te he vivido...

miércoles, 1 de agosto de 2012

Recuerdo que amé en ti eso que los demás odiaban.



Recuerdo que era un tiempo no hace mucho, quizá una semana o dos
que desafiaba la cárcel de los años y los latidos se sentían nuevamente
que se escapó como arena entre los dedos, como el final de un cuento

Recuerdo que se quebró el silencio de la austeridad de mi alma
que las paredes limpias se llenaron con pinceladas de sus ojos cafés
que me bebí esa sonrisa, que me envenené de fruta y dulces palabras

Recuerdo que amé en ti eso que los demás odiaban, o le han temido
porque la poesía del alma el vulgo nunca la ha sabido apreciar ni entender
porque el hoy ha silenciado al ayer de las golondrinas de Bécquer

Recuerdo tus sueños y tus anhelos, recuerdo el silencio en complicidad
recuerdo el no odiarte como promesa, también la sentencia de recordar
recuerdo una noche a tan pocos metros y ahora hay tan poco para contar...

jueves, 19 de julio de 2012

El corazón, como los platos de la abuela: ¡roto!...



Que triste cuando sientes que algo se muere para siempre dentro de ti. No, no duele, solo sientes nostalgia porque sabes que ya no volverá más, ya no tiene espacio, ya no tiene arreglo. De pronto intentas aplacar ese ¡crack! que escuchaste, intentas inundar su ruido con música de Alanis o de ese grupo que nunca te gustó hasta que te dedicaron una canción de ellos, aquellos que decían no tener bandera.

Que triste cuando sientes que de nada sirvió el consejo de la abuela sobre pegar los platos rotos de la vajilla china y cuidarlos mucho, ella no los sacó más, entonces tú tampoco lo usaste más. Que sabia era la abuela, ella aún conserva sus platos, remendados pero ahí están al fondo del cajón; en cambio tú, tú ya no tienes nada, se rompió por última vez y haz entendido que ya no hay arreglo.

- Pero si solo fue un resbalón, te dices angustiado tratando de excusar tu torpeza, no fue nada que pudiera haberlo averiado seriamente, fue tan rápido que no pudo haber causado tal daño. ¡JA!, que equivocado estabas, y entonces aceptas derrotado que es triste cuando te das cuenta que le bastó una semana para desarmar tu escudo, y tan solo unos segundos para tirar años de cuidado al piso. Si, como ese bebé que tira la pieza de porcelana más preciada de la casa, la que tu madre guardaba para obsequiarle al amor de tu vida el día de tu boda, ¡que triste!.

Que triste es cuando sabes que te rompieron el corazón por última vez...

martes, 10 de julio de 2012

Mi cero a la izquierda favorito



¿Recuerdas cuando disfrazarse dejó de convertirse en la costumbre de una buena fiesta para ser parte de esta cotidianidad?, pues bien, escoge ahora tu nuevo disfraz. Yo te escojo a ti para el mío, pero por fa, ahí donde estás sentadito, callado y algo pensativo, no me escojas a mí para el tuyo. Claro, ven te explico por qué. Pero ven dije, ¿qué estás esperando? ¿Cómo que los kilómetros no te dejan? No entiendo, ¿o sea que la distancia de verdad separa? Y entonces, cuando nos prometimos estar juntos aun siendo lejanos, ¿era acaso solo un par de palabras bonitas para opacar el posible e irremediable desenlace? Eso no estaba dentro de mis planes y con tus disculpas y todos mis “lo siento”, pero no voy a permitirnos ese error.
Yo estoy aquí, ¿me ves?, estoy aquí disfrazada de ti y de esa conformarte libertad que me da saber que nos tenemos aun sin estar juntos. Como diría alguien por ahí, a quien tú conoces bien y haz desnudado más de una vez de todas las formas existentes y hasta inexistentes, la distancia solo se hizo para extrañarnos poquito. ¿Lo recuerdas?
Bien, ya que entiendes esa parte, ¿estás listo para explicarte con estos dientes chiquitos, esta boca que no sabe fumar y esta impaciencia natural por qué no puedes disfrazarte de mí? ¡Fácil! Tontito favorito, si te llegarás a disfrazar de mí, seguirías siendo tú, tal cual, con ese espíritu curioso y nada dócil… tú en todo el sentido de la palabra, del tacto también y entonces yo disfrazada de ti, volvería a ser yo. Es la magia, exactamente esa que lográbamos detonar con todos los ingredientes que le añadían nuestras manos, nuestro cuerpo, nuestra piel.
Ahora que estamos disfrazados, tú de ti y yo de mí ya podemos trepar por esas tres paredes de cartón que solo existían en cada uno de los sueños que formamos juntos, ya podemos caminar con estas alas y volar con estos pies, ¡ya podemos! ¿Sientes ese alivio olor a vainilla que se recoge en mis palabras? Con solo pronunciarlo por medio de la escritura de mis dedos explota un poquito mi corazón de felicidad, imagínate cuando te lo diga así de voz a vos.
Y es que eso eres, locura, escape, viento… Mi cero a la izquierda preferido, ese por el que podría botar todos los ceros de mi derecha sin ningún reparo, ese por el que podría inventar mil historias y con el que podría terminar, volver, volver, terminar y así sucesivamente hasta que se cansé el mundo de poner pretextos en nuestros zapatos, ese por el que odio la libertad de ser yo y con el que amo la libertad de ser nosotros, ese con el que me desentiendo de las confusiones y con el que no hay punto final, sino muchos paréntesis de intervalos incalculables de cosas que no logro explicar pero con las que definitivamente quiero seguir viviendo.



domingo, 8 de julio de 2012

Viviendo un cuento



Mírame, me dormí en tu recuerdo otra vez
me puse tu mundo al revés
pidiéndole al tiempo, pidiéndome el cuento
aquel que me ataba los pies.

Búscame, detente en el tiempo de ayer
tiempo de posdatas y miel
y encuéntrame el mundo, encuéntrame el rumbo
aquel que he perdido sin ser.

Mírame, entiende mi pena al llorar
descubre mis "te amo" al pasar
detén su presencia y escucha la ausencia
aquella que esconde mi andar.

Háblame, devuélveme todo el valor
ayúdame con el dolor
entiende mi ruego y búscame luego
que vivo en un cuento de horror.

lunes, 2 de julio de 2012

Solsbury Hill

¿Puede un video o una canción cambiarte la vida? No lo creo...
¿El día, la semana, un mes? Y, sí.... Una canción te puede limpiar el alma.

Y precisamente eso hizo hoy este clásico de alguien que es, a mi parecer, jodidamente feliz. Peter Gabriel, el ex-vocalista de Genesis. Les dejo esta joya, y disfrútenla, escúchenla una y otra vez, tiene tanta belleza pese a ser un simple tema de pop rock, que asusta. Lo que me convence, una vez más, de que el arte sencillo y sin pretensiones es lo mejor que puede haber en esta vida.

"To keep in silence I resigned 
My friends would think I was a nut 
Turning water into wine 
Open doors would soon be shut 
So I went from day to day 
Tho' my life was in a rut 
"Till I thought of what I'd say 
Which connection I should cut 
I was feeling part of the scenery 
I walked right out of the machinery 
My heart going boom boom boom 
"Hey" he said "Grab your things 
I've come to take you home."


miércoles, 27 de junio de 2012

Qué bonito


Qué bonito fue vernos en medio de todas las ganas que nos atravesaron la conciencia por esa sola noche. Qué bonita y torpe me comporté procurando predecir los movimientos de tus ansiosas manos. Qué bonitos tus nervios, qué bonito todo tú. Así… solo así.
Llegaste cuando era complicado para convertirlo en sencillo y es que cuando algo se quiere, solo se quiere. No hace falta decir más que una palabra, un “quiero” puede ser, precedido por cualquier pronombre… un “te” por ejemplo. Te quiero, no es acaso la combinación perfecta para ti, para mi, para los dos.  Por ahora me conformo con tu TODO TU.
Perdón si esta vez no puedo explicarme bien, explicarte tampoco, pero es que al tratarse de vos lo irracional y espontánea me queda a flor de piel y sabes algo, lo prefiero. A veces bipolar, tripolar, cuadripolar y quintupolar. Pero así, todas te queremos por igual, a nuestra forma, pero en la misma cantidad.
Las cinco estamos sin sentido por tu culpa… salvo el del tacto, ese sobrevive gracias al impulso de querer acariciarte y tocar esa maravillosa humanidad que la vida te dio y que tu cruel y perfectamente sabes cómo aprovechar. Pero sigue así, despacio, poco a poco. Aquí, si ahí mismo, donde quema el frío y se ahuyentan los miedos, la vergüenza y el pudor.
No sé si seremos para el futuro, pero ahora lo somos para el presente y lo siento, pero no me pienso mover. De ladito y haciéndome delgada, me meto, me entreno y me quedo. Sé que aquí cabemos los dos y con eso me sobra para seguir desanestesiándonos el corazón.
Cómo es la vida… En ese intento absurdo y desesperado por dejarte ir me fui atando más a ti, a tu nada sutil forma de decir las cosas y a tu poco romanticismo, porque no, tampoco estábamos para enamorarnos, de hecho no lo estamos.
Pero qué bonito… 

martes, 26 de junio de 2012

Enjoy yourself!

A veces tendemos a encerrarnos tanto en los problemas, que no vemos más allá de nuestras narices....

Las respuestas a todas las inquietudes existenciales que tenemos suelen estar a la vuelta de la esquina, esperando a que doblemos la calle... Pero no... Nos empecinamos a aferrarnos a lo conocido, a lo que nos da comodidad, certeza, aunque también traiga su cuota de dolor, de vacío.

Y la lección a aprender está allí, la vida es la maestra más cruel, nos da garrotazos, nos da con bates de baseball, nos fulmina con rayos, y ahí mismo estamos, como insensatos, porque nos da miedo lo desconocido.

Hay que saber dar vuelta la página, cerrar los ciclos. Hoy perdiste? Bueno, mañana ganas! O pasado! O el año que viene!

Esta competencia no es de velocidad, es de resistencia. El premio puedes ganarlo el minuto antes de morir, o el sábado en la parrillada que vas a hacer, o a lo mejor en ese viaje soñado a Barcelona, mientras te tomas un café en el Barrio Gótico, viendo el atardecer!

Si hay algo que te lastima, quítatelo de encima! O acaso andas meses con una espina en el pie? O acaso vives lamentándote 10 años después por ese amor que no pudo ser? O acaso....????

Cuál es la moraleja en la vida? Ninguna!

"Enjoy yourself" sería lo más cercano.

Disfrútate! y disfruta leyéndome... Sigan visitando este blog, acerca de... nada....

lunes, 25 de junio de 2012

Pausa, luego Play



Mientras me lo pregunto pasa la vida, el mundo gira y yo sigo aquí, preguntándome. Tal vez no esté preguntándome, y sea solo una excusa, tal vez esté poniendo en pausa mi vida hasta que ese amor llegue. Como mi querido Pinche me recordaría: como la canción de Mecano, en la que ella lo espera en la orilla, lo espera mientras él lucha contra el celoso mar, para volver a los brazos de ella. 

Lastimosamente la vida no es una canción de Mecano y probablemente en la vida real el pescador esté más que feliz con las sirenas. Es así, nadie nos garantiza que el amor de nuestra vida llegará, pero sin embargo lo esperamos, lo espero, pausando mi vida y esperando en la orilla como en la canción, aunque él no quiera volver, yo me imagino un mundo en el que si, y lo espero.

Yo y mi mundo imaginario, donde tengo monstruos y príncipes, y aunque muchas veces en la vida real la heroína soy yo, en mi mundo imaginario quiero que alguien me salve, quiero que llegue ese principe que ponga play a mi vida de una buena vez.

domingo, 24 de junio de 2012

Mecano, para no entender...


Le tocaba el turno a Joaquín Sabina, pero sé bien los efectos que tiene en mí, así que preferí escuchar una vez más a Mecano. Y es que no sé que me han hecho los músicos españoles, pero cuando se trata de una tarde fría en la que mi cabeza ronda las ideas más tristes, siempre me vienen bien.

¡Ah, si!, hablaba de las ideas, esas que merodean cerca mientras trato de evitarlas pero nunca puedo, me saben llegar en ese segundo de parpadeo en que bajo la guardia. A veces traen nombres y a veces traen sueños, pero otras, la gran mayoría, me traen miedos; es por eso que no me gusta hacerlas pasar, mucho menos invitarlas a una taza de café, se quedarían para siempre, como esas hermanas de mi abuela que nunca se van.

¿Se han dado cuenta cómo la gente da mil vueltas cuando no sabe cómo empezar lo que vino a decir?, pues bien, este es uno de esos casos porque nunca he hablado de mis miedos. Tengo miedo a las alturas, tengo miedo a los payasos, tengo miedos que avergonzarían y tengo miedos que simplemente tienen miedo de sí mismos. Pero entre todos, el mayor miedo es ese a lo que los demás piensen de nosotros, porque podemos ser muy independientes y descarados, pero siempre habrá una opinión que nos importe, y es entonces cuando enfrentamos un miedo que nos conoce bien, que ha crecido con nosotros.

Me gusta, ¿le gusto?. Me encanta su sonrisa, ¿qué pensará de la mía?. Tiene tanto para decir, ¿le pareceré interesante?. Esas y otras ideas que rondan tu cabeza mientras caminas a su lado fingiendo un paseo relajado, pero que ha entumecido hasta tus huesos. Y si, los miedos pueden paralizarte en ese momento, pero los peores son aquellos que te paralizan después, los que rompen la crisálida y no son mariposas, sino malentendidos que arruinan todo y que no sabes como arreglar.


Entiendo que no entiendan lo que quiero decir, y es que yo tampoco me entiendo a veces y Sabina lo sabe bien, por eso escuchaba a Mecano, para no entender...

miércoles, 20 de junio de 2012

Soledad que Estremece

Quizás haya estado engañada toda mi vida, quizás haya imaginado un futuro, un mundo que no se pueda cumplir.

Realmente quisiera regresar a esos años, donde no tenía mayores preocupaciones, donde pensaba que era una mujer completa, cuando era tan independiente de todo, de todos, tan independiente que incluso fui capaz de volar, de irme muy lejos de mi hogar, donde tenía todo, para llegar a un lugar completamente desconocido con la mera esperanza de aprender algo tal vez, o tal vez simplemente pasarla bien.

Pero esos días parecen hoy tan lejanos, de hecho soy incapaz siquiera de recordar por qué me gustaba la soledad, ahora difícilmente la tolero, estremeciéndome cada vez más cuando llega. Si es cierto que uno se acostumbra a la soledad, pero nunca deja de estremecerse a causa de ella. 

Ahora me encuentro sola, estremeciéndome una vez más, pensando en por qué EL no me necesita tanto como yo a EL y si EL quiere que yo sea más independiente, ¿por qué hacerlo? Porque lo amo si, pero ¿Por qué más? si yo fui quien quiso necesitarlo, si yo soy quien quiere tener una relación así, donde el amor sea tan intenso que el uno sea incapaz de respirar sin el otro, que tal si de eso se trata el amor, uno ya tendrá tiempo para la independencia pienso, que tal si en realidad eso es lo que queda cuando envejezcamos, el mero recuerdo de la pasión de los primeros años.

Hoy solo tengo una palabra en mi mente: EL. Hace mucho me dí cuenta que mi mundo se había convertido en EL, que el aire que respiro es irrespirable sin EL y que EL, es simplemente un requisito para poder sobrevivir. Pero así lo quise, pues antes a pesar de no tener complicaciones, nunca pude entregarme por completo, era incapaz de confiar en alguien así, pero con EL lo hice y fui muy feliz. Pero todos saben que lo bueno no dura para siempre.


Solo quiero un mundo donde EL no me hable de independencia, esa palabra que definió mi personalidad por tantos años y no lo hace más, porque es un poco lindo depender un poco de alguien, aunque es muy doloroso cuando ese alguien no te corresponde. Quiero simplemente que EL me necesite tanto como yo a El.




lunes, 18 de junio de 2012

Tu sonrisa no te la quites por fa.

Tu nombre y el mío combinan perfectamente, hasta parecen diseñados para quererse por siempre, no como en los cuentos de hadas con finales felices, sino para la vida y para esas historias en las que solo el infinito decide cuando poner el punto final.

Te viste. Me viste. Nos hemos visto. Ahora pregunto, ¿te viste? ¿Me viste? ¿Nos hemos visto?

Yo te veo cuando caminas, cuando murmuras, cuando pretendes reír y en el fondo no haces más que añorar.

Yo me veo cuando finjo no verte, cuando mis manos torpes se esconden de las tuyas por miedo a romper el silencio.

Yo “nos” veo cuando al sentarnos de este lado de la vida no hacemos más que ignorarnos para no perder esto que nos queda que no sé cómo se llama pero que se siente bien bonito.

Esta historia que no es ni siquiera nuestra no conoce más etiquetas que este imperfecto querer y mi historia que es más tuya que mía, no conoce mejor maravilla que tu sonrisa. Esa que cuando se ubica en tus atinados labios logra que el mundo entero me sonría o será acaso que mi mundo es tu propia sonrisa. Como sea, tu sonrisa, -si, esa que en este mismo momento pintaste-, no te la quites, por fa.

Me invades, me llenas, te vas y regresas y entonces te imagino cubierto de todo el dulce sabor de mi boca, te imagino saboreando cada contacto de piel. De nuestra piel. Te imagino y vivo y si vivo es por imaginarte.

Queriendo sin motivos y haciendo lo imposible porque no te quedes, te sigues quedando, ya no escapo más de ti porque mi escape siempre has sido y serás tú. No me voy, ya no. Solo te espero como quien espera lo que llega aún sin haber llegado.

Ahora si, ven y tócame un poquito, dibuja con tus manos mi hogar, nuestro hogar, que si algo es deliciosamente habitable, eres tú.

Y entonces, ¿qué esperamos?  

domingo, 17 de junio de 2012

Mi Vacío de El

Ella estaba convencida que sentía tan terriblemente la ausencia de él, por el simple hecho de extrañarlo, estaba convencida que tantas horas de llanto eran el simple reflejo del dolor de extrañar, pero no; no es simple dolor de extrañar, es el de dolor de extrañar y no ser correspondida. Ese miedo intenso de sentir, una vez más el vacío de estar horas frente al computador sin que él lo sepa siquiera, tal vez ni siquiera le importe.

Pero mientras ella está aquí muriéndose, se repite a si misma, él te ama, pero luego la gente, si la estúpida gente que le pregunta como sobrelleva su ausencia y así se da cuenta que la gente normal si extraña, se da cuenta que es normal querer hablar con él todos los días, se da cuenta que lo que quisiera es que él sienta un poco lo mismo.

Ella se pregunta cuando se volvió tan intensa (como él dice), se pregunta por que ella no le hace falta para que él disfrute; y se siente egoísta, piensa que debería dejarlo que disfrute, y se repite así misma de nuevo: él te ama, solo está ocupado. Luego mira por la ventana y no logra contener el llanto (otra vez), está sola, ella y su ventana, mientras se convence otra vez: él te ama, confía en él. 

viernes, 15 de junio de 2012

Bob Dylan

"¿Te entristecen los que odian y los asesinos perturbados? ¿te marean los sermones y los políticos? ¿la quema de autobuses lastima tu corazón? Entonces me has oido cantar y conoces mi nombre".
Bob Dylan. Train A-Travelin.








Dylan es el artista definitivo. Cantante, poeta, activista, político, loco, en fin, es de esos músicos que cuando te encuentras solo o en compañía disfrutas sin parar, recordando las luchas, las penas, la derrota y los triunfos que has tenido en la vida. Y lloras. Y ríes. Porque Dylan es como la vida, profundo, contradictorio, rotundo.

Si la soledad te está agobiando, o si la alegría te está desbordando, dale, te invito a que me acompañes por este viaje a través de la música de uno de los grandes genios que este planeta ha visto pasar por su superficie.


Yo me dejo llevar por sus letras, por su voz extraña, por su conciencia política, y dejo que mis heridas se curen solas. Gracias Maestro!!!!!!!!!!!



(Y sí, te lo dedico también a tí, porque lo necesitas tanto como yo)







¿Cuándo me volví tan debil?

Que buena pregunta, ¿Cuándo me hice tan debil? ¿Cuándo empecé a depender tanto de su presencia?. Pasé toda la semana convencida de que iba a poder sobrellevar su ausencia, convencida de que esto era bueno para nuestra relación, convencida de que al fin tendría un tiempo para encontrarme a mi misma otra vez.

Pero como encontrarme a mi misma, si te extraño tanto, como sobrellevar tu ausencia si me paso cada minuto del día imaginándome en tus brazos. Me pregunto como hará la gente, esa gente que puede distanciarse de ese ser amado y sobrevivir, si alguien sabe el truco dígamelo! Por que la verdad es que siento que no podré sobrevivir.

Aveces quisiera pasarme durmiendo todos los días, todo el día, para soñar que estoy con el, para sentirme en sus brazos. ¿Cuándo me volví tan debil? ¿Cuándo dejé de ser yo, para pasar a ser una especie de: yo, incompleta sin el? Será que enamorarse es debilidad, sabía que amar te volvía loco, pero no incapaz de sobrevivir. Es impresionante como el es, simplemente el aire que necesito respirar CONSTANTEMENTE.

Si alguien sabe el truco para sobrevivir, se lo compro!

lunes, 11 de junio de 2012

La vida nos hizo útiles a nuestros caprichos.




Contigo perdí el temor, la vergüenza y a veces el control. Con el “a veces” me refiero a siempre y el siempre era infinito.

Fuimos nada y en esa nada fuiste mi todo, mi ahora, mi soy, mi estoy y mi quiero ser. Ahora no eres más que el “fuiste”.

Recogiste todos mis pedazos y los arreglaste tan despacito, tan a tu afición, tan a tu modo y de repente, yo era otra, buscándote, buscándome, encontrándonos. La vida nos hizo útiles a nuestros caprichos, a nuestros momentáneos y esporádicos deseos. La vida fue pertinente pero algo cruel. Hubo un tu, hubo un yo, pero nunca hubo un nosotros.

Si tan solo, si tan solo…

Pero ya nada de eso sirve o tal vez sí. ¿Quién sabe? Ahora que no somos más y que el tiempo logró aliviar este dañado corazón, puedo decir, no fue tu culpa, solo respondiste a tu experiencia y no te dejaste querer, así bonito, como me gusta y suelo querer. No, ni siquiera fuiste tu, sino tu inconstante carácter y esas manos inquietas que buscaban algo más que un solo lugar. Las cosas al cien por ciento nunca fueron lo tuyo. Yo lo sabía y solo corrí el riesgo. Es mi total responsabilidad y la asumo.

Te reclamé para mi, con tus dudas, con tus tristezas y con tu pasado, pero mi pretensión no pudo con tus conflictos, esos que logran que no seas feliz ni aun siéndolo y entonces decidí que me servirías para recuerdo, con todo y ese olor que en las noches como esta era desquiciante, definitivamente solo sirves para recuerdo.

Qué triste es pensarte y no sentir nostalgia, qué triste y amargo es que hayas pasado y que esas huellas que parecían imborrables simplemente se hayan arruinado.

Aun cuando te describo y escribo, ya no estás. No nos marca quien nos moldea a su antojo, sino aquél que se moldea con nuestra alma y los silencios de la respiración, mientras creemos que estamos solo reviviendo una fantasía más, una de esas tantas que habíamos inventado cuando la luz nos daba la espalda.

Que si tus ojos de hombre deberían traer la advertencia: “Cuidado con esta mirada, podría perderse y posiblemente no hay marcha atrás”, bien lo sabes. La tarde que me vi en tus ojos no había advertencia escrita, pero de cierta forma yo sabía que me perdería, aun así continué porque mi errado sentir consideró que era preferible vivir perdida, precisamente por eso, por vivir. Sabes, no tengo problema en perderme, en refugiarme en rutas inciertas, en lanzarme de puentes o en rodar por montañas, no, no hay problema con eso porque aventurarse es crear nuevos universos, sin límites, sin reservas. El problema aquí no fue la aventura, sino el rumbo por el que lo quise hacer. Te pensé camino y al final resultaste ser solo un paso más.

De ti aprendí que hay piedras invisibles buscando ser tropezadas por la simple razón de querer sentirse admiradas; de ti aprendí que no hay mejor egoísta que aquel que te dice “te quiero” esperando un “yo a ti”; de ti aprendí que la tristeza no se comparte, se trasmite.

Te di el tiempo suficiente para que me permitieras quedarme y tu optaste por otros brazos, esos brazos de los que tantas veces te quejaste. Pero no es tu culpa, solo escogiste lo que está hecho a tu medida y contra eso no se lucha... es una carga constante.